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CATEGORÍA: Japón

     Las puertas del armario de papel se corrían cada noche y cada mañana para deslizar sobre el tatami hacia fuera y hacia adentro el futón. La tele, sobre todo por las mañanas, no sonaba igual.
     Los pasos de la gente por la calle, el ruido de los coches. No eran los de occidente. Los reclamos publicitarios sonoros de las tiendas en las avenidas no dejaban indiferente a nadie (aunque pudiera parecerlo). El metro. Menos luz. Nido de sonidos. El hormiguero de gente que subía y bajaba. Los trenes que entraban y salían. Las puertas que se abrían y se cerraban como guillotinas. Y el silencio del interior del vagón. Creo que respiraban… a menudo roncaban.
     Y otra vez fuera, el estruendo. Había quien utilizaba megáfonos para llamar la atención. Ahora sé que nadie se salva de tener algo que decir. Aunque sea cantando. Karaoke, la orquesta vacía. Pero llena de ganas de rellenarla.

Y yo perdidamente encontrado en mi mapa de los sonidos de Tokio…

A todos los que han sentido distancia en cualquier lugar…

     El Butoh es una danza contemporánea japonesa. Nacido a mitad del siglo pasado e inspirado por la posguerra, el Butoh recuerda a los que sobrevivieron a la barbarie de Hiroshima y Nagasaki, cuyos cuerpos quemados, mutilados y dañados de cualquier manera avanzaban con cierto halo fantasmagórico.

     Con esta base, no es difí­cil imaginar lo oscuro de este baile. Tendencia a los movimientos extremadamente lentos, cuerpos exhibidos en su estado más puro, escenarios igual de desnudos. Expresiones profundas de manera minimalista. Siempre intenso. Quizás difí­cil de entender en su totalidad en el marco occidental.

     Y para comprobarlo, no creo que se haya presentado ni que se presente en mucho tiempo mejor oportunidad que la que ocurrirá en Valencia en estos dí­as. Este sábado y domingo dí­as 4 y 5 de octubre a las 20 horas tendrá lugar la representación “La bruma de la mañana y una vertical” a cargo de la compañí­a japonesa Shizuku. El espectáculo cuesta 12€ y tendrá lugar en el teatro Gran Cielo (C/ Padre Jofre, 7). Pero todaví­a hay más ya que la misma compañí­a organiza del 6 al 8 de octubre un taller intensivo de Butoh.

Más información sobre Butoh

     Tal como te he dicho antes, tocaba el piano desde los cuatro años, pero jamás por placer. Siempre lo hací­a para pasar un examen, porque era una asignatura, para impresionar a los demás. Esto es lo importante, claro que sí­, para llegar a dominar un instrumento musical. Pero cuando una llega a cierta edad, tiene que interpretar la música para sí­ misma. Ese es el poder de la música. Y yo por fin lo comprendí­a después de salir del circuito de elite, a punto de cumplir treinta y dos años.

Tokio Blues

-Quizá deberí­amos reunir los objetos de valor y evacuar la casa -traté de decirle a Midori-. Por suerte, el viento sopla en dirección contraria, pero puede cambiar en cualquier momento, y aquí­ al lado hay una gasolinera. ¡Vamos, te ayudo a recoger los objetos de valor!
-No tenemos nada de valor -claudicó Midori.
-Algo habrá. Libretas de ahorro, sellos registrados, certificados, esas cosas. Para empezar, necesitaras dinero.
-No lo necesito porque no pienso huir.
-¿Aunque se queme la casa?
-Sí­. No me importa morir.
     La miré a los ojos. Ella me devolvió la mirada. No tení­a la menor idea de hasta que punto bromeaba. Mantuve la mirada fija en ella unos instantes, pero luego pensé: “Qué importa …”.
-Como quieras. Me quedo contigo -dije.
-¿Morirás a mi lado? -A Midori le brillaban los ojos.
-¡Ni hablar! Si las cosas se ponen feas huiré. Si quieres morirte, hazlo tú solita.
-¡Qué despiadado eres!
-No voy a morir contigo sólo porque me has invitado a comer. Si se tratara de una cena, todaví­a.
-¡Entendido! Pero, de todas formas, quedémonos un rato más a ver qué ocurre. Podemos cantar canciones. Y si las cosas se ponen feas, ya decidiremos qué hacemos.
- ¿Cantar?
     Midori subió al terrado dos cojines, cuatro latas de cerveza y una guitarra. Y bebimos cerveza contemplando la densa columna de humo. La chica cantó acompañándose de la guitarra. Le pregunté si los vecinos se enfadarí­an, porque contemplar desde el terrado como se quema el barrio bebiendo y cantando no me parecí­a una actitud encomiable.

- No te preocupes. A nosotras no nos importa el que dirán…