“El libro lo publicó una pequeña editorial, pero a penas se vendió. No tenía conclusión. Y nadie quiere un libro que no tenga conclusión…”.
Dirigiéndome hacia el norte tan rápido como este tren avanza, pienso en que los objetivos que fijo más lejanos son los que parecen más estáticos y los más cercanos a mí quedan atrás a una velocidad proporcional a la que me desplazo.
Y por eso es en aquellos en los que ahora pienso. Los que permanecen constantes cortando el horizonte y, aparentemente, siempre a una distancia equidistante que parece inalcanzable.
Quizás nunca llegue hasta aquellas latitudes. Quizás si llegará no serían como aparentan ser desde aquí. Seguramente, si consiguiera acortar distancias, simplemente pasarían de largo como todo lo que se termina acercando demasiado.
Pero aún así no evito este rumbo porque no sé cuándo parará este tren y aún mantengo algo de esperanza en que ocurra en el lugar adecuado. Porque lo que esta noche he soñado ya me ha ocurrido o ya me ocurrirá. Y porque si te pidiera lo que nunca tendré, te odiaría por perder algo que nunca me diste.
“…A pesar de que a mí me pareciera muy normal que no la tuviera…”