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CATEGORÍA: Exterior

De tanto ver la luz hemos perdido
la recta proporción de ese milagro,
que otorga a la materia su volumen,
contorno fiel al mundo que queremos
y límite a los puntos cardinales.
A fuerza de costumbre, hemos dado en creer
que es un merecimiento, cada día,
que el día se levante en claridad
y que se ofrezca límpido a los ojos,
para que la mirada le entregue un orden propio,
distinto a los demás, y lo convierta
en nuestra inadvertida obra de arte.
Hay una ingratitud consustancial
al hecho de estar vivos, un intrínseco
poder de desmemoria, y nos impiden
brindar a cada instante el homenaje
que cada instante de verdad merece,
por su absoluta magia de estar siendo,
en vez de no haber sido en absoluto.
Con cada amanecer dubitativo,
con cada tumultuoso amanecer,
la luz arrasa el reino de la noche
y emprende su combate. En el confuso
magma de oscuridad, con cada aurora
triunfa la exactitud de cuanto existe
sobre la vocación de incertidumbre
que tienta con su nada a lo real.
En toda madrugada se renueva
un conjuro de origen, esa fórmula
que impuso el movimiento al primer día.
Somos testigos, en el alba pura,
del trono en que la luz alza su reino
y lo concede intacto a cualquier súbdito.
Conviene contemplar la luz con más paciencia,
brindarle una atención encandilada,
el sumiso homenaje con que un bárbaro
descubre reverente en su aventura
la tierra que jamás ha visto nadie.

Carlos Marzal, en “Metales Pesados” (2001)…

     ¿Y si el cielo blanqueara de repente y cambiara todo alrededor? Y si confundiéramos el dónde con el cuándo. Y si descubriéramos entonces que viajar en el tiempo no solucionaría nada. La teletransportación tampoco sería necesaria. Y pensar mucho y mal no es pensar. Porque la mejor forma de lavarse siempre será con agua y jabón.

Nada tan sencillo como eso…

No matter how they toss the dices…

     Él habla de su religión y de cosas sagradas y a mí me resulta cuanto menos curioso que una divinidad, aunque terrestre, pueda rezar a algún ente celestial. Y es que a mi parecer quedan pocas cosas por venerar en este mundo más que actitudes y empeños como los suyos.
     Hablo del Doctor Pedro Cavadas, una persona con algo más que nombre, apellido y un título con el que ejercer. Hablo de alguien que devuelve la vida a gente que aún no había muerto. Alguien a quien la palabra mérito se le queda pequeña.
     Andamos justos de héroes en estos tiempos que corren. Yo me conformaré con coleccionarlos ya que no todos podemos aspirar a tener nuestro puesto en ciertos olimpos.

Y por supuesto el Doctor Cavadas está en mi desolada colección…

Let’s unite…