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CATEGORÍA: Crí­tica

Somos conscientes de que este movimiento social no puede tener fecha de caducidad y de que su coherencia y efectividad dependen totalmente de su constancia. Por eso seguimos apoyándolo activamente más allá del 15M, porque cualquiera que fuera el resultado de esta convocatoria electoral no sería suficiente para lo que reclamamos. En estos días hemos conseguido popularmente fundamentar nuestro movimiento y así dar forma a algo que hace sólo unos días parecía imposible. Pero esto sólo es el comienzo.

Somos jóvenes y no tan jóvenes. Somos a quienes cuyos padres les convencieron de que debíamos esforzarnos para asegurarnos una calidad de vida a la que ellos no siempre tuvieron acceso. Ahora resulta que no importa la preparación ni el sacrificio, porque las recompensas no vienen dadas por tales méritos. Estamos indignados. Hartos, pero no agotados. No confiamos en la democracia actual y la culpa no es nuestra. Necesitamos cambios y nuestras propuestas han de ser escuchadas porque nosotros somos este país, su presente y su futuro. Aquí y ahora exigimos respeto, transparencia y la participación que nos pertenece en nuestra deseada democracia real.

Demostrar que todo lo que se nos ha inculcado como común no es la única posibilidad. Que la normalidad es el concepto más ambiguo de todos y así incluso romper la lógica, asumiendo que ya no existe tal. Analizando el ambiente y adaptándose al contexto para ser más precisos en el mensaje y aportar al receptor algo que, aunque quizás él o ella ya supiera, quizás no fuera algo de lo que estuviera totalmente convencido.

Ella no quería saber cómo se hacía algo sino por qué. Esto puede resultar embarazoso. Se pregunta el porqué de una serie de cosas y se termina sintiéndose muy desdichado. Lo mejor que podía pasarle a la pobre chica era morirse.

Fahrenheit 451“, Ray Bradbury…

     Romeo ha despertado de su largo letargo. Ni él mismo se veía capaz pero los caprichos del destino quisieron que así fuera.
     Despertó y ya no tenía a Julieta junto a él. Ni rastro. Quizá había despertado mientras él seguía dormido, y se fue. Quizá había llovido tanto que el tiempo no perdonó su presencia y de ella ya no queda nada. O, incluso peor, hasta podría darse el caso de que nunca hubiera existido más que en su sueño.
     Y no le quedó otro remedio más que levantarse y vivir, que al fin y al cabo es lo que hacen los que están vivos. Pero no encontró nada de lo que conocía. Buscó balcones. Probó hablar en verso. Lo intentó con las manos y con el resto del cuerpo. Nada.
     Y terminó en rincones, donde las sombras le hicieran pasar desapercibido. Desconfiado. Y cerraba los ojos con fuerza para ver si la oscuridad podía darle aún más, porque ya sólo quería intimidad. Intimidad consigo mismo, que era por lo único que podía estar seguro.

Oh Romeo…

     Bendito Cristo de los Afligidos, yo te pido no volver a sufrir más. María Santísima de la Compasión, hazme creer en la misericordia universal. Santo Cristo Despojado de sus Vestiduras, vísteme esta desnudez moral. Santa Virgen del Primer Dolor, consigue que no se vuelva a repetir. Padre Jesús de la Agonía, haz que todo lo malo acabe. Señor de la Humildad, ponme en mi lugar. Señora Mía de las Angustias y la Soledad, combate mi melancolía. Padre Jesús de la Humillación, consigue que nada me frene. Santo Cristo de la Paz, lucha contra mí si fuera necesario. Bendita Señora de la Piedad, dame amparo. María Santísima del Amor, consígueme la mejor de las compañías.

Cristo de la Buena Muerte, no me dejes caer…