Abrí la mano para poder abarcar más de lo que mi mente me podía dar. De lo psíquico a lo físico, de lo que escondo dentro a lo que toco fuera. Emulando todo lo que compartí alguna vez. Alguna vez cuando pensé que todo me pertenecía. Todo lo que esta mano pudo alguna vez albergar. Todo lo que tuve y todo lo que fui.
Abrí esta misma mano que tuvo la oportunidad de acaparar tanto y que así lo hizo cuando y cuanto pudo. La misma mano que hoy reclama sustituir el vacío que la llena. Un vacío que no puede llenar con su propio puño. Un puño que no es capaz de golpear con fuerza. Una fuerza que ya no tiene.
Porque esta mano ya ni tiene ni puede ni quiere…

