Dice la RAE, que de esto sabe mucho, que iluso es quien es propenso a ilusionarse, un soñador. Y además, añade picantónamente, alguien engañado o seducido. Pero esta vez no quiero hablar ni de ilusos ni de ilusionados ni de alucinados. Esta vez estoy aquí para centrarme en la otra cara de la moneda.
Porque el desilusionado pierde protagonismo en este juego y queda eclipsado por el ilusionado. Pero, reflexionemos, ¿quién es más feliz, quién tiene más ilusión, el Iluso ilusionado o el Desilusionado ilusionado? La clave está en la respuesta a la siguiente pregunta, ¿qué hay mejor que sentirse ilusionado al conseguir al fin desilusionarse?
El iluso, volviendo a la sabia opinión de la RAE, es alguien seducido, alguien engañado, un soñador. Y, en cambio, al desilusionado no le queda más que aceptarse e ilusionarse como tal.
Estoy hablando de sentirse bien, sentirse independiente, libre, curado. De sentir que tienes en la mano todo lo que es tuyo y que lo que compartirás será sólo lo que debas, puedas y quieras. La desilusión a veces es dulce. A veces el mejor postre para cerrar una comida difícil de digerir.
Gritemos todos a una: “¡Estoy desilusionado!”…

