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MES: 10/2009

     Dice la RAE, que de esto sabe mucho, que iluso es quien es propenso a ilusionarse, un soñador. Y además, añade picantónamente, alguien engañado o seducido. Pero esta vez no quiero hablar ni de ilusos ni de ilusionados ni de alucinados. Esta vez estoy aquí para centrarme en la otra cara de la moneda.
     Porque el desilusionado pierde protagonismo en este juego y queda eclipsado por el ilusionado. Pero, reflexionemos, ¿quién es más feliz, quién tiene más ilusión, el Iluso ilusionado o el Desilusionado ilusionado? La clave está en la respuesta a la siguiente pregunta, ¿qué hay mejor que sentirse ilusionado al conseguir al fin desilusionarse?
     El iluso, volviendo a la sabia opinión de la RAE, es alguien seducido, alguien engañado, un soñador. Y, en cambio, al desilusionado no le queda más que aceptarse e ilusionarse como tal.
     Estoy hablando de sentirse bien, sentirse independiente, libre, curado. De sentir que tienes en la mano todo lo que es tuyo y que lo que compartirás será sólo lo que debas, puedas y quieras. La desilusión a veces es dulce. A veces el mejor postre para cerrar una comida difícil de digerir.

Gritemos todos a una: “¡Estoy desilusionado!”…

     La silla estaba a la intemperie, tan muerta como cualquier otra silla de su metal. Mientras yo, sentado en otra idéntica y cercana, oía unas palabras que me hacían pensar que esa silla estaba a la intemperie, tan muerta como cualquier otra de su metal.
     Y a continuación pasé a pensar sobre el tiempo. Lo único que nos diferencia, puesto que ambos existimos y por tanto compartimos el espacio. Fue el contraste entre lo que oía y veía. Estática, parecía ajena al tiempo. Pensé en que me iría y podía imaginar fácilmente que ella seguiría ahí a pesar de todo. Aún estática, ajena al tiempo. Me la imaginaba tal cual, ahí o a unos metros de ahí. Y el tiempo para mí, para nosotros, podría haber pasado largo y tendido, pero aún así confiaría en que existiera casi tal cual.

Entonces entendí en qué consiste el juego y cuál es nuestra baza…

     ¿Y si el cielo blanqueara de repente y cambiara todo alrededor? Y si confundiéramos el dónde con el cuándo. Y si descubriéramos entonces que viajar en el tiempo no solucionaría nada. La teletransportación tampoco sería necesaria. Y pensar mucho y mal no es pensar. Porque la mejor forma de lavarse siempre será con agua y jabón.

Nada tan sencillo como eso…

     Ya había olvidado la sensación de miedo, de ese que te hace no querer nada más que evitar a toda costa que ocurra algo tan determinado como determinante.
     De pequeño parecía que bastara con encender la luz. A estas alturas ni darle a un interruptor ni cualquier otro acto físico te calma.

Será que habrá que buscar dentro…

     Dormir contigo es dormir con un fantasma. Es algo que pensé que no volvería a pasar. Es vivir algo que en su momento soñé que volvería a pasar. Dormir contigo, en realidad, no es más que dormir con el pasado.
     Dormir contigo a estas alturas es un conflicto. La clásica batalla entre Afrodita y Morfeo. Entre lo que ocurrió hace demasiado y lo que está a punto de ocurrir. Dormir contigo es la lucha más encarnizada entre los deberes y quereres.

Dormir contigo ya no es lo mismo…