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MES: 07/2009

     Él quería sentirse especial. Quería sentir que le ocurría algo especial. Que vivía experiencias especiales. Que estaba vivo por algún motivo especial. Que su especialidad era única. Que era único por ser especial.
     Él quería pensar que todo era especial. Que todos eran especiales. Que nadie se planteara hasta qué punto todo es especial. Que algo especial no pueda llegar a ser normal, pero que lo normal sea ser especial.

O por lo menos desearlo…

     Avanzo estáticamente. Este mundo mío que permanece inmóvil mientras estos carriles se deslizan bajo sus ruedas y no al revés. 120, 130, 140 ni hasta 150 son suficientes para llegar al destino deseado. No se trata de velocidad. Ni siquiera de destreza. Sino de constancia. De mantener el rumbo adecuado y, sobre todo, ni más ni menos que durante el tiempo que sea necesario. Sea mucho o sea poco.

Y así terminar llegando al fin de un viaje que en realidad es infinito…

     No te conozco. Ni tú me conoces a mí y quizás ni siquiera fueras capaz de llegar a conocerme en algún momento. Pero me gustaría explicarte cosas que yo no entiendo. Me gustaría decirte que sólo quiero permanecer callado. Pero no puedo expresarlo. Y desde mi silencio me encantaría dejar sordos a la vecindad entera, e incluso llegar más allá. Porque, repito e insisto, que no tengo más que decir que que no tengo nada que decirte ni deciros.
     Que ahora las conversaciones las tengo conmigo mismo. Que estas manos ya no son mías. Alguien me las robó. Y aquí ya sólo queda la prolongación de unos brazos que empiezo a creer que también abandonan, ya no tienen interés en interactuar con lo que les rodea. Es esta enfermedad que llevo dentro que me hace ser así por fuera. Quizás esté tan enfermo como lo enfermo que soy. Que seré el hombre de hielo, que he vuelto a serlo. Que quizás empiece una intensa etapa de hibernación independientemente de la época del año.

Una víctima de mi propia hipotermia controlada…

     Caminaba tras su flequillo, con la mirada algo baja. Pisaba fuerte pero parecía que no fuera a dejar huella alguna. Y seguía caminando.
     Un día, por el camino, se encontró con un valiente. Alguien que le prometió ser tan valiente que no tendría suficiente con el miedo de los dos.

Y entonces los dos siguieron caminando…

      Soy un extremista predispuesto a todo. Cada vez menos creyente y cada vez con más ganas de creer. He conocido la felicidad y desde entonces no dejo de buscarla. Algo contradictorio, a veces compliado y a menudo amante de lo más básico. Lleno de inquietudes y un poco hiperactivo. Siempre viajando, incluso en la ciudad en la que viva. Sin destino pero atento al camino. Dicen que inexpresivo pero con la necesidad de expresarme de una manera u otra. Yo te entiendo, seguro.

Ahora sólo tienes que entenderme tú…