No te conozco. Ni tú me conoces a mí y quizás ni siquiera fueras capaz de llegar a conocerme en algún momento. Pero me gustaría explicarte cosas que yo no entiendo. Me gustaría decirte que sólo quiero permanecer callado. Pero no puedo expresarlo. Y desde mi silencio me encantaría dejar sordos a la vecindad entera, e incluso llegar más allá. Porque, repito e insisto, que no tengo más que decir que que no tengo nada que decirte ni deciros.
Que ahora las conversaciones las tengo conmigo mismo. Que estas manos ya no son mías. Alguien me las robó. Y aquí ya sólo queda la prolongación de unos brazos que empiezo a creer que también abandonan, ya no tienen interés en interactuar con lo que les rodea. Es esta enfermedad que llevo dentro que me hace ser así por fuera. Quizás esté tan enfermo como lo enfermo que soy. Que seré el hombre de hielo, que he vuelto a serlo. Que quizás empiece una intensa etapa de hibernación independientemente de la época del año.
Una víctima de mi propia hipotermia controlada…