Iba en ese vagón con más o menos gente y que estaba encajado en la vía, de manera que fuera difícil o imposible un descarrilamiento pasará lo que pasará.
Se enganchó al engranaje y comenzó a subir. Despacio, ruidosamente y como si le costara un esfuerzo relativo alzar cuesta arriba el peso que transportaba. Trac, trac, trac.
Y entonces llegó a la cima, al punto más alto desde el que se veía todo de una manera especial, que te hacía sentir superior más allá de que realmente lo estuvieras físicamente.
Pero no fue eterno, ni siquiera demasiado duradero. Cayó por su propio peso, ahora cuesta abajo. En velocidad paradójicamente ascendente. Toda la altura que había conseguido levantar la estaba perdiendo en cuestión de segundos sin a penas poder mirar alrededor para intentar calcular y asimilar a qué velocidad estaba ocurriendo todo.
Pero llegó una nueva subida. Acompañada de una nueva bajada repentina que incrementó de nuevo la velocidad. Luego llegó el looping que le dió la vuelta completa al asunto. Bajada, subida. Y la recta se convirtió en un rizo. E incluso el rizo se rizó más.
Y tras más subidas que siempre terminaban en bajadas, y tras más bajadas que parecía que nunca llegarían a convertirse en subidas, y tras mucho cambio de velocidades y de inclinaciones… todo frenó de golpe. Quizás de una manera demasiado brusca, pero quizás de la única manera en la que podía ocurrir.
Y una vez frenado, ¿qué ocurre después…?

