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MES: 06/2009

     Iba en ese vagón con más o menos gente y que estaba encajado en la vía, de manera que fuera difícil o imposible un descarrilamiento pasará lo que pasará.
     Se enganchó al engranaje y comenzó a subir. Despacio, ruidosamente y como si le costara un esfuerzo relativo alzar cuesta arriba el peso que transportaba. Trac, trac, trac.
     Y entonces llegó a la cima, al punto más alto desde el que se veía todo de una manera especial, que te hacía sentir superior más allá de que realmente lo estuvieras físicamente.
     Pero no fue eterno, ni siquiera demasiado duradero. Cayó por su propio peso, ahora cuesta abajo. En velocidad paradójicamente ascendente. Toda la altura que había conseguido levantar la estaba perdiendo en cuestión de segundos sin a penas poder mirar alrededor para intentar calcular y asimilar a qué velocidad estaba ocurriendo todo.
     Pero llegó una nueva subida. Acompañada de una nueva bajada repentina que incrementó de nuevo la velocidad. Luego llegó el looping que le dió la vuelta completa al asunto. Bajada, subida. Y la recta se convirtió en un rizo. E incluso el rizo se rizó más.
     Y tras más subidas que siempre terminaban en bajadas, y tras más bajadas que parecía que nunca llegarían a convertirse en subidas, y tras mucho cambio de velocidades y de inclinaciones… todo frenó de golpe. Quizás de una manera demasiado brusca, pero quizás de la única manera en la que podía ocurrir.

Y una vez frenado, ¿qué ocurre después…?

A todos los que han sentido distancia en cualquier lugar…

     Una mujer sola sentada en una terraza. Como siempre, sola. Y es consciente de que así es y de que así será eternamente. Sola, a la espera de nadie.
     Huele, mucho. Quizás algún perfume, quizás ella misma, quizás ambas cosas. Huele, muchísimo. El olor más bizarro que jamás haya atravesado mis fosas nasales. Ella sabe en qué medida, de qué forma y por qué lo hace.

Esta noche está sola, como siempre; mañana…

     Secuestradme más a menudo para reírnos juntos porque lloramos por separado, para llorar porque no reímos más. Prometo dejarme, pero por favor obligadme. Obliguémonos a decir en voz alta lo que se nos pase por la cabeza, sin más. A terminar todas y cada una de las frases que hemos decido empezar. A compartir hasta lo que callamos.

Secuestradme más a menudo, así, por sorpresa…

     Ya no corre ningún líquido de placer por los surcos de mi piel, sólo aire. Cierro las manos apretando sin fuerza el vacío que contienen, siempre dejando algo de hueco a la esperanza.      Las yemas de mis manos ya sólo se encuentran con partes de la extensión de su propia existencia. Alargo los brazos pretendiendo abarcar algo más que cuerpos inertes que, como mucho, retienen el calor que malgasto inevitablemente. Soy consciente de que estas medidas son desproporcionadas para mí solo y a menudo mi olfato me maltrata haciéndome pensar que he viajado en el tiempo, pero no.
     Busco encontrar algo que me convenza de que tengo lo que necesito pero, lejos de eso, sólo pierdo las razones que me hagan pensar que puedo conseguirlo. Pura y triste nostalgia de lo que en realidad no quiero que vuelva. Pero dura, pura y triste nostalgia.

Menos mal que no se puede viajar en el tiempo…