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MES: 04/2009

     El murmullo del mar nos hace susurrar. No se trata de respeto, simplemente no queremos romper nada. Porque todo está genial así. Aunque quizá falte algo, lo que hace que esto aparente estar vivo por sí solo. Pero no, lo sabemos, esto late y nos marca su ritmo sin que nosotros nos planteemos ni siquiera mostrar la mínima resistencia.
     Ya no sé tú. Yo estoy sentado, no espero nada pero sé que lo mejor está por llegar. Ahora estoy tumbado, mirando este techo cerúleo, su curvatura y sus decoraciones flotantes.
     Vuelvo a estar sentado. Esta vista es tan impresionante como la primera vez que la vi. No puedo evitar volver a pensarlo, lo mejor está por llegar. Porque esto pudo ser un total, pero ahora sólo es un porcentaje. Cruzan el cielo miles de borregitos blancos. Millones. Intermitencias que dosifican aún mejor estos instantes, gigantes. Preludios de lo que ya está llegando.

Y estoy aquí, pero no espero…

     Es esta increible luna llena tan dorada la que nos aconpaña surcando el cielo mientras avanzamos por este asfalto tan negro como su mar. Nos adelanta, se queda atrás, aparece y desaparece tras las sombras de lo que nos separa y con cada curva del camino. Pero siempre está presente, lo único que permanece mientras lo demás va quedando en el camino.
     Es el delfín que nos sigue y juega con la olas que irremidiablemente provocamos al avanzar por este mar. Al perseguir el rumbo que nos lleva a nuestro paraíso. A donde llegamos tras todo lo anterior. De donde no esperamos más que la perfección. Esa que buscamos, añoramos, esperamos y deseamos. Esa que no existe ni existirá mientras nadie nos prometa que esta increible luna llena tan dorada se quedará y navegará junto a nosotros por siempre.

Nunca es tarde para creer en los milagros…

     Bendito Cristo de los Afligidos, yo te pido no volver a sufrir más. María Santísima de la Compasión, hazme creer en la misericordia universal. Santo Cristo Despojado de sus Vestiduras, vísteme esta desnudez moral. Santa Virgen del Primer Dolor, consigue que no se vuelva a repetir. Padre Jesús de la Agonía, haz que todo lo malo acabe. Señor de la Humildad, ponme en mi lugar. Señora Mía de las Angustias y la Soledad, combate mi melancolía. Padre Jesús de la Humillación, consigue que nada me frene. Santo Cristo de la Paz, lucha contra mí si fuera necesario. Bendita Señora de la Piedad, dame amparo. María Santísima del Amor, consígueme la mejor de las compañías.

Cristo de la Buena Muerte, no me dejes caer…

Charlie Chaplin

Qué pocos de nosotros sabemos disfrutar de ese don universal que es el silencio. Quizás porque no se compra. Los ricos compran ruido. Nuestra alma se deleita con los silencios de la naturaleza, que no se niegan nunca a quienes los buscan.

Charlie Chaplin, “My trip abroad”…

     Pensando en las metáforas que me rodean y a las que pertenezco, me quedé congelado en el arranque. Totalmente estático justo en el momento cuando todo a mí alrededor empezó a moverse. Y quizás por eso mismo. Quizás porque quería analizar detenidamente el movimiento y, siendo consciente de ello, disfrutarlo a mi manera.
     Así me dejaba llevar porque sabía que cuando ese mundo se parara siempre me quedaría a mí la oportunidad y la obligatoriedad de tomar yo las riendas, de ser yo quien moviera el mundo. El de ahí fuera, el que entonces estaba atravesando en ese tren al que dejaba llevarme.
     Y mientras tanto fui pensando en lo que ese mundo tenía de bueno y de lo que echaba de menos. Se movía, me gustaba esa sensación. Pero quizás le faltara color, algo de improvisación y los trabubús, esos que seguro que existen y que seguro que algún día aparecerán.

En otro viaje, más personal, seguro…