El murmullo del mar nos hace susurrar. No se trata de respeto, simplemente no queremos romper nada. Porque todo está genial así. Aunque quizá falte algo, lo que hace que esto aparente estar vivo por sí solo. Pero no, lo sabemos, esto late y nos marca su ritmo sin que nosotros nos planteemos ni siquiera mostrar la mínima resistencia.
Ya no sé tú. Yo estoy sentado, no espero nada pero sé que lo mejor está por llegar. Ahora estoy tumbado, mirando este techo cerúleo, su curvatura y sus decoraciones flotantes.
Vuelvo a estar sentado. Esta vista es tan impresionante como la primera vez que la vi. No puedo evitar volver a pensarlo, lo mejor está por llegar. Porque esto pudo ser un total, pero ahora sólo es un porcentaje. Cruzan el cielo miles de borregitos blancos. Millones. Intermitencias que dosifican aún mejor estos instantes, gigantes. Preludios de lo que ya está llegando.
Y estoy aquí, pero no espero…


