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MES: 04/2009

     Aquella anciana dijo: “la felicidad es gozo por el pasado, gratitud por el presente y fe en el futuro”.

Y yo estoy de acuerdo…

     Romeo ha despertado de su largo letargo. Ni él mismo se veía capaz pero los caprichos del destino quisieron que así fuera.
     Despertó y ya no tenía a Julieta junto a él. Ni rastro. Quizá había despertado mientras él seguía dormido, y se fue. Quizá había llovido tanto que el tiempo no perdonó su presencia y de ella ya no queda nada. O, incluso peor, hasta podría darse el caso de que nunca hubiera existido más que en su sueño.
     Y no le quedó otro remedio más que levantarse y vivir, que al fin y al cabo es lo que hacen los que están vivos. Pero no encontró nada de lo que conocía. Buscó balcones. Probó hablar en verso. Lo intentó con las manos y con el resto del cuerpo. Nada.
     Y terminó en rincones, donde las sombras le hicieran pasar desapercibido. Desconfiado. Y cerraba los ojos con fuerza para ver si la oscuridad podía darle aún más, porque ya sólo quería intimidad. Intimidad consigo mismo, que era por lo único que podía estar seguro.

Oh Romeo…

     Soy lo que soy, sólo lo que soy. Soy todo lo que soy. Soy todo lo que puedo ser y todo lo que puedo llegar a ser. Soy además todo lo que podría ser e incluso todo lo que nunca seré. Soy simplemente todo lo que parezco ser, y todo lo demás.
     Porque no soy nada más que todo. Ni más ni menos que esto, eso y aquello.

Soy eso que soy, y eso es todo…

     Un día te despiertas y de repente todo es urgente. De repente la importancia de las cosas es relativa. De repente todo se da la vuelta y de repente se abre una amalgama de posibilidades totalmente nueva que te hace replantearte todo.
     La vida te da de repente tal hostia que te gira la cara y allá atrás ves la bifurcación que tomaste sin darte cuenta hace ya demasiado tiempo y a la que ya no puedes volver. Entonces sigues por esa senda, intentando convencerte de que el paisaje al fin y al cabo es lo de menos si el camino aún te permite tirar hacia adelante.

Y sigues avanzando…

     Yo en medio de este mundo del que me siento dueño. Todo a mí alrededor intenta alcanzarme, llamarme la atención. Y, sinceramente, no todos lo consiguen.
     El sol calienta mi piel y sus reflejos juegan con las olas intentando cegarme. Algunas nubes pretenden evitarlo siempre que tienen ocasión para que termine reconociendo su presencia. El viento se enfrenta directamente a mí, envidioso del aire que consigue adentrarse en mí. Pero insiste y consigue colarse entre lo poco que me cubre. Quiere al menos complacerme con caricias que me veo obligado a disfrutar.
     Y así la naturaleza sigue en plena guerra. El viento, siempre poderoso, se alía con la mar y con la flora. Intentan alcanzarme con la presencia de unos y la fuerza del otro. Y de este modo llegan hasta mí a penas unas gotas que quizás hayan imaginado filtrarse por mi piel. Y así llega hasta mí el viento con miles de disfraces con los que pretende finalmente conquistarme. Digamos que prácticamente lo consigue y me atraviesan gamas de olores que nunca podría catalogar.
     Porque esto sólo ocurre aquí y ahora. En una fracción de tiempo que no entiende de mediciones cronológicas. Todo mientras me mantengo inmóvil, con los ojos cerrados y me ofrezco abiertamente a que este mundo haga de mí lo que quiera, que se apodere de mí y de lo que creo que es mío.

Porque, sí, yo soy el dueño de todo esto…