Juguemos a las miradas. Juguemos a observarte cuando no miras, cuando piense que quizás sepas que te estoy mirando. Juguemos a que me miras a través de algún reflejo y que descubro tu trampa.
Juguemos a decirnos de todo sin mediar palabra. Juguemos a ser muy claros, tan claramente ambigüos que este silencio nos deje afónicos. Juguemos porque queremos jugar. Porque así conseguiremos llenar de alguna manera este vacío que ya es lo único que nos llena.
Juguemos, porque no tenemos nada que perder…

