He viajado al norte y al sur. Ya he conseguido pisar cuatro de los cinco continentes y el quinto lo siento cercano. He viajado por muy diferentes motivos, con muy diferentes compañías y a través de muy diferentes medios.
Lejos he sentido la distancia, he sentido melancolías de distintos sabores, también he sentido alegría, siempre algo de libertad y quizás hasta algún tipo de valentía.

Pero esta isla de la que pronto despegaré mis pies me ha ofrecido eso y mucho más, y en mucho mayor grado. Además me ha hecho ir más allá, hasta el punto de identificarme con ella. Por primera vez he sentido ser como lo que me rodea. Tan vivo y tan muerto, tan lleno y tan extremo como se muestra este trozo de tierra que se esforzó y se esfuerza por sobrevivir en alguna parte en medio del océano que la envuelve.
No, aquí no habrá la grandiosa amalgama de placeres que ofrecen otros mundos. Pero sí reúne todos los requisitos básicos para que los dos mantengamos en secreto, más allá de cualquier colonización histórica y sus consecuencias en el presente, que una vez fui el conquistador conquistado de sus tierras y que, tanto ella como yo, guardaremos un pequeño hueco donde poder encajarnos de nuevo.
Ha nacido el espíritu Lanzarote…