Sigo hablando de bailar, de dejarse llevar. Sigo separando los talones del suelo de manera que las caderas se sincronizan a un ritmo paralelo al que mantiene la cabeza a través del cuello.
No es que no sea el lugar ni el momento. Quizás ellos no lo oigan y por eso no se muevan ni se lo planteen. Y quizás me miren más por eso. Quizás muchas cosas, quizás la vida entera.
Quizás llegue un momento en el que se me desgasten los talones. O a lo mejor soy yo el que consiga desgastar el suelo. A pesar de su solidez. Porque por duro que sea, mientras encuentre el ritmo mantendré las ganas.
La la la…


