PERSONAL BLOG FOTO VÍDEO ESCAPARATISMO ILUMINACIÓN OTROS
MES: 10/2008

     Sigo hablando de bailar, de dejarse llevar. Sigo separando los talones del suelo de manera que las caderas se sincronizan a un ritmo paralelo al que mantiene la cabeza a través del cuello.
     No es que no sea el lugar ni el momento. Quizás ellos no lo oigan y por eso no se muevan ni se lo planteen. Y quizás me miren más por eso. Quizás muchas cosas, quizás la vida entera.
     Quizás llegue un momento en el que se me desgasten los talones. O a lo mejor soy yo el que consiga desgastar el suelo. A pesar de su solidez. Porque por duro que sea, mientras encuentre el ritmo mantendré las ganas.

La la la…

     Bailemos. Dejémonos llevar tú y yo en este contexto que no nos invita a ello. Abandonemos lo que dicen que tenemos que conocer y conozcámonos a nosotros mismos. Bailemos porque el mundo se acaba. Bailemos porque este trayecto quizás termine en la siguiente parada. Bailemos juntos en esta distancia que nos separa. Tú a tu ritmo y yo al mí­o. Yo con mis melodí­as y tú con lo que quieras estar escuchando. Pero oigamos esa música que nos lleva hasta donde queramos llegar. Bailemos porque sí­. Baila conmigo aunque nunca llegue a hablar contigo. Baila conmigo aunque aún no haya escuchado tu voz y aunque nunca llegara a escucharla. Baila conmigo aunque sepa que no buscas lo que yo. Baila conmigo e incluso sin mí­. Pero baila y haz que me siga apeteciendo bailar.

Baila, bailemos…

No existe aquí­ ni ahora…

     La noche es tan oscura como la gente que la vive. La noche la componen sus sombras y sus comportamientos. Es tan oscura como le dejan ser. Tan oscura como lo que no es de clara. Tan clara como su oposición a la oscuridad. Tan brillante como la proporción de luz que le consigan sacar.
     Porque la noche es infinita. Y su oscuridad puede llegar a ser brillante. Tan brillante que ciegue. Tanta claridad que llegue a cegar. Tanta claridad que llegue a oscurecer. A oscurecer de claridad.

Y así­ el dí­a será tan claro como la gente que lo vive…

     En cualquier vida hay largo tiempo para esperar. Nadie tiene razón si se queja de lo contrario porque en realidad hay demasiado. Y, añado, mucho más tiempo para conseguir otros objetivos.
     Puedes esperar de pie, sentado, bajo la lluvia. Con las manos en los bolsillos o frotándolas de nervios. Hasta puedes esperar en tu casa o en tu mejor refugio durante horas o incluso mucho más. Por esperar hay quien espera lo que sabe que nunca llegará.
     Porque puedes esperar mucho a los demás. Porque puedes esperar mucho por los demás. Porque puedes esperar mucho de los demás. Y entonces será cuando todo lo esperado te habrá convertido en un desesperado.

Y la desesperación no es fácil de curar…