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MES: 07/2008

     Despertar para viajar. Limpiarse por lo que vendrá. Coche, movimiento, sol, música, compañí­a. Llegar. Calor. Más compañí­a. Bebida. Bebida. Y comida.
     Caminar y su movimiento. La compañí­a ya exagera y el espacio mengua. La bebida ya sólo es lí­quido. Los lí­quidos se derraman. Entran, salen, se frotan, se disparan, se deslizan y, en cualquier caso, terminan en el suelo. Porque todo y todos acaban en el suelo. Suelo difí­cil de pisar. Suelo que puedes llegar a sobrevolar gracias a la compañí­a, que ya abusa tanto como tú de ella. Y aún más confusión lí­quida.
     El lí­quido se evapora y así­ llega cierto grado de tranquilidad. Dulce tranquilidad pegajosa. Tranquilidad cuya vista empieza a flaquear, cuyos pasos terminan por serpentear. Tranquilidad a cualquier tipo de ritmo, por melódico o estrepitoso que llegue a sonar. Bebida.
     El movimiento torna a ser horizontal. Bebida, comida, compañí­a. Frí­o. Bebida, comida, compañí­a y frí­o. El frí­o enfrí­a. La compañí­a calienta. El calor adormenta. Del vertical al horizontal. Dos posturas. Una tercera de última hora. Dormir frí­o, despertar caliente. Hoy como ayer pero al revés.

Viajar para descansar…

     Planté tantas semillas como pude y ahora me tumbo tan placidamente en esta tierra por muy seca que esté a la espera de que surja lo que tarde o temprano se supone que debe llegar. Mientras tanto mi espalda marca los lí­mites, mis dedos hacen camino y mis ojos luchan con gusto contra su peor enemigo.
     Y hasta quizás brote lo inexperado. Quizás no salga más que lo que habí­a olvidado que planté o incluso en lo que seguramente ni siquiera intervine. Y por supuesto que también es válido. O a lo mejor ocurre que rompe la flor o nace el fruto de lo que ya conozco no tanto como pensaba.
     En cualquier caso sigo esperando aquí­ tumbado, difrutando de este paisaje. Jugando con esa espera tanto como ella me exaspera. Porque sé que quien espera desespera. Pero la desesperación también está limitada; hasta que choca con ese instante, ese choque siempre accidental contra lo que terminó llegando.

Porque llega

     Hacia adelante. ¿Dónde ha ocurrido ahora? Quiero decir, los buenos dí­as locos han quedado un poco muertos. Simplemente mira mi alrededor, es un lí­o. Pero estaré tan lejos de este sitio tan pronto como me digas donde está la noche. Te tienes que poner en marcha. Provócalo. Hacia adelante.
     Sí­, hay algo en el aire.
     Hace ya tiempo desde la última vez que experimenté tu brillo. Ahora tienes una sonrisa aún más brillante y creo que me va a gustar hablar de cosas mejores. Tú sabes como maximizar todo alrededor y no cabrás en ti. Tienes que ponerte en marcha, lejos de lo que importa. Prepárate. Hacia adelante.
     Sí­, hay algo en el aire. Porque he estado soñando en que podrí­amos ser el fuego de esta noche. No puedes parar, tienes que ponerte en marcha.

Podrí­amos aprovechar al máximo si vinieras…

     Cruce, cruce de miradas. Miradas, miradas que matan. Matan, matan a quienes trabajan. Trabajan, trabajan los que ganan. Ganan, ganan tanto como pierden. Pierden, y se pierden para entretenerse en buscarse. Buscarse, buscarse y encontrarse. Encontrarse, y encontrarse perdido de nuevo. De nuevo, de nuevo parece todo nuevo. Nuevo, nuevo está vez sí­ o quizás no tanto. Tanto, tanto como lo desee.

Desee, desee…