PERSONAL BLOG FOTO VÍDEO ESCAPARATISMO ILUMINACIÓN OTROS
MES: 06/2008

     Pasa, la vida pasa como taconean los tacones, como avanzan los pasos. Como el dí­a que empieza y acaba. Como la rueda que gira o la piel que se arruga. Como el vino se avinagra y la planta florece.
     Pasa la vida, pasa como se acaba el agua en su jarra, como la sed se sacia con ella. Pasa como se derrite el hielo con el calor, como lo derivado en el sudor que drenamos. Pasa como llega el cansancio después de la actividad, como la rutina termina imponiéndose, como las inquietudes menguan, como los intereses evolucionan o cambian.
     Pasa, la vida pasa como pasan las modas. Pasa como se relevan las generaciones. Pasa la vida tanto como llega la muerte. Pasa como en su momento empieza. Pasa. Pasa y pasa. Está pasando ahora. Y sigue pasando. Y pasará.

Y no dejerá de pasar…

     Encontré un feto mascado en la basura, todo fruto del aburrimiento. Encontré lo que no buscaba y así­ no conseguí­ ninguna solución. Ninguna solución para este vací­o tan relleno. Relleno de la mejor de las actitudes pero vací­o al fin y al cabo.
     Este parón, este hieratismo, esta pasividad. ¿Es esto algo que llegue a llenar? No, sin duda. Pero sin todo esto no existirí­a este avance aparentemente congelado, este movimiento estático, esta actividad visiblemente pasiva.
     Es esto definitivamente lo que llena, sí­. Es esto que creamos, esto que pensamos, es esto que acumulamos y asimilamos.

Es lo que somos…

     Resulta que hoy me quedé encerrado y aproveché esta luminosa y remunerada prisión para pensar en ti tanto como en mí­. Resulta que me inundé con nuestros recuerdos de largo y corto plazo y hasta conseguí­ disfrutar e incluso llegar a sentir un previo de lo que vendrá.
     Resulta que parezco ser consciente al fin de que realmente soy lo que consigo mostrar y no lo que pretendo ser. Que lo que compartimos lo disfrutamos y lo que guardamos representa nuestra más estúpida inexistencia.
     Y así­ disfruto de esta prisión por vací­a que esté en estos momentos, porque sé que lo que la llena es la presencia de lo que veo a través de su minúscula y gruesa ventana. Tú que estás ahí­ al otro lado aunque no siempre en frente; el color en este paisaje en blanco y negro. Tú y tú y tú y también tú.

Tan tú como yo, tanto como yo…

     Volver a despegar cuando no recuerdo haber aterrizado aún. Volar al volar y aterrizar durante el vuelo. Porque esto no se para por posar los pies en tierra. Porque esto no entiende de tierra, de cielo ni de infierno. Esto es lo que puedo llegar a ser. Lo que pretendo conseguir ser. Esto es mi camino rumbo a ningún destino. Rumbo a lo que anhelo.

Rumbo a lo que quiero…

     Hoy la felicidad avanza sobre dos finas ruedas y esquiva muy diferentes obstáculos. Aceras plagadas de gente de pelo con color poco definido y con cara de comer mucho queso y beber buen vino. Carreteras llenas de coches de todas las gamas, épocas y estilos que tienen el valor de apoderarse de lo que quizás no merezcan. Y todo con cierto aire de superioridad, cierto autoconvencimiento de que aquí­ hubo y, aunque dejara algún dí­a de haber, no lo reconocerí­a nadie.
     La felicidad aquí­ es tricolor y con un eslogan tan revolucionario como antiguo. Un paisaje que ya me resulta extrañamente familiar. Adoquines, tejas oscuras, trenes con ruedas, un sí­mbolo universal hecho de acero que asoma por doquier y un agua que por oscura que corra hace su función de manera singular. Parece demasiado lo que se ve pero en realidad es más de lo que se puede imaginar.
     Sí­, admito que me ha terminado poseyendo, yo que me mostré reacio a ello. Admito que ahora hasta compartirí­a largo tiempo con él. Admito que nuestro roce extiende una sensación que avanza bajo mi piel y que me pone los pelos de punta durante más tiempo de lo que dura el puro placer. Admito que creo haber llegado a entenderlo. Y esto es aquí­. Y esto ya será siempre.

No por ser, sino por ser para mí­