He aquí quien cada día madruga tanto como todos aquellos con quien se cruza. He aquí quien con más o menos ganas avanza hasta su destino, el de cada mañana. He aquí quien si pierde el primero, pierde el segundo. He aquí quien comparte desplazamiento con sus conocidos relativos. He aquí, estamos aquí.
En el elefante amarillo que transporta sus parásitos. Parásitos que sin más existen, felices de ello y tan orgullosos como indefensos. De ojos entreabiertos y oídos espabilados. De bocas torpes y cerebros dormidos.
He aquí las ansias de los despiertos. Las ganas de quienes no tienen otra que el ritual de ocupar la misma plaza, saludar y despedir a los mismos incluso en silencio y abandonar al resto llegado el momento.
He aquí yo, y todos los demás…

