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MES: 02/2008

     Hay dí­as que no esconden nada especial. Esos dí­as en los que te levantas tarde simplemente porque sabes que estar en la cama es mucho más apacible que estar buscando y decidir qué hacer, aunque exista toda una lista de cosas pendientes y un interminable elenco de posibilidades por descubrir.
     Son dí­as para finiquitar temas burocráticos, cortarse el pelo, hacerse fotos, ver una pelí­cula u otras muchas ocupaciones más o menos voluntarias y apetecibles. Pero también son dí­as en los que nada te parece suficiente. Son dí­as en los que sabes que sólo estás preparándote para lo que vendrá pero aún así­ sientes la necesidad y las ganas de calentar para no tener que comenzar a correr en frí­o.
     Y es que cargo con un defecto de fábrica: me despisto un momento y me vuelvo ocioso. No me gustan esas cintas transportadoras que te hacen ver como va quedando todo atrás sin que tú muevas las piernas. Hay otras muchas cosas que no me gustan. Y seguramente haya muchas más que me gusten. Mientras tanto aquí­ estoy, quieto y sin que nada me mueva hasta que yo mismo lo decida.

Son dí­as de transición…

Nothing’s gonna change my world…

     Desde el silencio de esta habitación del burdel y frente al escándalo que llega hasta ella desde diferentes fuentes, ya sólo me queda coger esta servilleta y este boli para poder explotar de alguna manera lo que de otra forma serí­a demasiado violento y traumático.
     Tumbado en la cama me siento como la cucaracha kafkiana frente al mundo exterior que no le entiende ni lo pretende. Solo como único interlocutor de mi propia comunicación no puedo evadirme ni evitar el rechazo absoluto de cada una de las incongruencias que escucho. Diferentes voces que se superponen en cuanto a lo fí­sico y conceptual. Ahí­ cada cual habla por hablar desde su propio yo único e intransferible y se sirve de los demás (quienes tampoco aceptan la posibilidad de otras opiniones) para auparse más y más en sus respectivos y bien formados egos.
     No creo que haya solución. Hay gente que no cambia, no puede cambiar ni quizás merezca la pena esforzarse por hacerles cambiar si el poblema está tan fuertemente basado en la raí­z.
     Y yo aquí­. En esta que no es mi cama y que nunca lo fue pero que siento más mí­a que todo lo que tiene movimiento propio ahí­ fuera. Al menos me ha ofrecido el mayor placer que he podido sentir entre estas paredes.

Perder la conciencia hasta soñar…

     íšltimamente me planteo lo que es posible, lo que no y lo que socialmente está establecido como imposible o difí­cil pero que en realidad no es como parece. Ya lo dije y lo repito y lo seguiré repitiendo más aún, los lí­mites entre posibilidad e imposibilidad están en uno mismo.

Seamos crí­ticamente activos y activamente crí­ticos…

     Â¿Porque no lo posteé antes? Aunque no hayan ganado Grammy por ello, se lo merecerí­an.

Otro dí­a hablaré de Amy…