Sólo hay un sitio en el que la edad media de los asistentes se aproxime tanto a la de un centro de la tercera edad: un ambulatorio. De hecho podrían ser casi sinónimos si no fuera por el diferente destinatario de los visitantes de menor edad que entran en el centro.
El olor a productos esterilizantes se mezcla con los pacientes que esperan ser esterilizados aunque sepan que poca esterilización les queda ya más que la que la propia naturaleza les ha brindado al llegar a cierta edad. Con movimientos lentos, intentan hacerse paso rápidamente entre los demás. Con el aspecto de no entender nada, intentan demostrar todo los conocimientos adquiridos durante su largo currículo. “Bueno, pues ya hemos hablado un rato… Total, no tenemos nada mejor que hacer…”, le dijo uno a otro cuando quiso cerrar la primera conversación que había empezado espontáneamente con aquel desconocido.
Pero no he venido aquí para hablar de mi futuro ni el de los demás ciudadanos en edad de merecer. Este es el ambiente general de un escenario en el que ocurren muy diferentes historias. Una podría ser la siguiente: llega un individuo (pongamos que se trata de un individuo cualquiera) y pide un hueco para poder ser atendido a la mayor brevedad posible con tal de recuperar el 50% del sentido del oído, puesto que se queja de no oír nada desde hace ya días con el oído izquierdo. Consigue que le prometan que en algún momento su nombre será pronunciado para que alguien intente encontrar solución a su problema.
Espera. Nuestro individuo cualquiera espera. Espera y mira a su alrededor. Espera y lee. Espera y habla por teléfono. Espera y observa su alrededor. Espera. Sigue esperando. Espera y manda un mensaje. Espera y sigue leyendo. Espera y finalmente es llamado. Después de esperar durante horas habla con el doctor en una prácticamente unidireccional conversación de a penas un minuto de duración y cuya conclusión es “durante las tres semanas y media que faltan para que el otorrinolaringólogo te atienda, metete un clip en el oído y hurga”.
Y luego dudan de los remedios de Txumari Alfaro…


