Año a año, mes a mes, hora a hora y cada vez que la aguja del reloj avanza un poco más, vamos acumulando experiencias para lo que en latín se emplearía curriculum vitae. Y así, como reza el flamenco, pasa la vida y no has notado que has vivido cuando pasa la vida…
La memoría serviría para almacenar todos esas vivencias en forma de recuerdo pero como cualquier proceso biológico es imperfecto así que no se puede considerar la solución al paso del tiempo y a la estupida lucha humana contra él de querer recordar para siempre incluso lo que no es físico. Y este forzamiento trae consecuencias como la tergiversación de los hechos y así se recuerdan subjetivamente momentos, sensaciones y hasta sentimientos que nunca apoyamos o incluso rechazamos y que ahora aceptamos sin ser conscientes de que hemos cambiado nuestro punto de vista a consecuencia del tiempo. Así que nunca sabremos cuánto hemos olvidado, cuánto somos capaces de recordar y cuánto hemos tergiversado.
De pequeño quizás viera demasiado “í‰rase una vez la vida”, pero me acuerdo (y de esto sí) que entendía el cerebro como un almacén lleno de archivos donde se iban archivando los recuerdos según su tipología y su importancia… Algunos serían más importantes que otros por lo que sobrevivirían a las limpiezas necesarias para guardar más y más información según llegaba.
O quizás no lo pensara así…

