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MES: 09/2006

     El ser humano es idiota por naturaleza. ¿Qué es lo que hacemos bien? Nada. Nadie nunca será experto en nada (y pensar lo contrario es ser idiota y ni siquiera haberse dado cuenta). Todo siempre trae consecuencias tanto positivas como negativas a corto o largo plazo. Crees que lo estás haciendo bien y de repente te topas con algo inesperado que te deja bloqueado. Somos idiotas.
     No hay salvación. Nos creemos superiores a los niños y sus tonterí­as infantiles y nos hemos creado un contexto artificial que más parece un juego en el que todos jugamos y actuamos. Todo es artificial y nos lo creemos y lo asumimos. Miramos al desconocido que se sienta a nuestro lado y le tratamos como si lo que hubiera ahí­ fuera una vaca, lo suficientemente grande como para darnos cuenta de que existe pero sin mayor preocupación que su propia existencia en relación al espacio que nos roba. Como los muebles de cualquier habitación, que pueden ser útiles para ciertas cosas (y muchas veces ya no tanto) pero su mayor utilidad es rellenar la habitación para que no haya eco cuando hacemos un ruido. Evitar el momento en el que nos dieramos cuenta de que nuestro propio eco es lo único que nos acompaña.
     El miedo, la vergí¼enza, el arrepentimiento, la pereza, la inseguridad… Actitudes que nos ocurren a diario y que no conseguimos evitar aún siendo conscientes de que no nos aportan nada, que tienen fácil solución y que sin ellas vivirí­amos mejor.

Y sentirse listo al creerse idiota… ja…

     Pues sí­, todo es relativo. Y de eso vengo dándome cuenta durante los últimos meses. De eso y de muchas cosas más y, en fin, empiezo una nueva etapa (esta vez en España de nuevo) y necesitaba cambiar la idea y el diseño de, esta, mi web.
     Todo es relativo. Y por supuesto lo es la utilidad que tiene que siga escribiendo aquí­ después de años y que pueda entender tantas cosas como quiera o que quiera entender tantas cosas como pueda y que lo que diga tenga sentido y que se me entienda hasta cierto punto lo que digo y que el mensaje tenga algún sentido más que el que yo le doy y que nos entendamos a nosotros mismos y que todo esto esté vací­o, medio vací­o, medio lleno o lleno y otras muchas cosas que terminan perdiendo su sentido a base de su propia abundancia.
     Y qué más da. Pero aquí­ estamos. Más cartesiano que nunca vuelvo a las andadas. En estos momentos entiendo muchas más cosas. Y la principal de todas ellas es que nunca llegaré a entender ni siquiera qué es lo que hay que entender. Y lo mejor de todo es no sentirse impotente ante eso.

Aquí­ va mi propia teorí­a de la relatividad…

     Parece que después de tres semanas me voy encauzando en la dirección oportuna dada la situación y el momento. Aún así­ queda muchas cosas pendientes y que no sólo dependen de mí­… y eso es lo peor. El estrés de Japón era muy diferente. Era rutinario pero ordenado… aquí­ es caótico y agotador. Quizás se viva mejor aquí­ pero no es más fácil vivir…
     Conclusiones tempranas. Qué mejor que viajar para tener tiempo y pensar… pensar y asimilar. Eso tan ingenioso que no sé muy bien por qué pero utilizan en algunas cajetillas de cigarros de cierta marca: “a veces necesito perderme para encontrarme”.
     Pues eso. Desde mañana y hasta dentro de poco más de una semana (por ahora indefinido), me espera Andalucí­a. Básicamente Cádiz, Sevilla y Granada. Prometo volver como cada vez que me marcho. Pero esta vez prometo volver más renovado que en anteriores ocasiones. Lo veréis.

Tanto por conocer…

     Catorce dí­as después de llegar de Japón y haber vuelto de pleno a la vida diaria en España me doy cuenta finalmente de que viví­a mucho mejor en Tokyo a pesar de todo.

Ahora lo que necesito es mucha paciencia…

Roma nunca fue, es ni será Tokyo…