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MES: 05/2006

     Hay quien dijo y/o dice que el cuerpo es la jaula del alma. Lo simple es que es lo que te representa en vida. Lo adoras o lo odias. Lo cuidas o lo descuidas. Es lo que te mueve. Te motiva o te hunde. Te guí­a o te despista. ¿Y es tu cuerpo toda tu vida? ¿Y es tu vida todo tu cuerpo? Causa, dependiente e interdependencia. Hasta donde te lleve. Hasta donde llegues. Lo que quieras hacer. Lo que te permita hacer. Y lo que te dejen hacer. Y lo que te permitan hacer. ¿Y qué es tu cuerpo? ¿Y qué es tu vida? ¿Y qué es el cuerpo? ¿Y qué es la vida? Y qué es ser… Y qué es estar… ¿Por qué ser? ¿Y por qué estar? Demasiada complicación para tanta solución. Poca solución para tan poca complicación. Vaguerí­a, confunsión, inteligencia, competencí­a y habilidad. No entender o no querer entender. Uno, dos o un millón. Yo, tú o todos ellos. Luchar. Pensar. Sobrevivir. Vivir.
     Â¿Cómo de estúpido se puede llegar a ser? ¿Cuán inútil te puedes llegar a sentir? Y si estupidez e inutilidad no existieran… ¿qué serí­as? ¿Serí­as? ¡Serás! ¡Seremos! ¡Seguirán!

Nadie nunca entenderá el cuerpo y la vida…

Quizá porque mi niñez
sigue jugando en tu playa.
Y escondido tras las cañas
duerme mi primer amor.
Llevo tu luz y tu olor
por donde quiera que vaya.

Y amontonado en tu arena
guardo amor, juegos y penas.

Yo,
que en la piel tengo el sabor
amargo del llanto eterno.
Que han vertido en ti cien pueblos,
de Algeciras a Estambul,
para que pintes de azul
sus largas noches de invierno.

A fuerza de desventuras,
tu alma es profunda y oscura.

A tus atardeceres rojos
se acostumbraron mis ojos
como el recodo al camino.

Soy cantor, soy embustero,
me gusta el juego y el vino.
Tengo alma de marinero.

¿Qué le voy a hacer si yo
nací­ en el Mediterráneo?

Nací­ en el Mediterráneo…

Y te acercas y te vas
después de besar mi aldea.

Jugando con la marea
te vas pensando en volver.
Eres como una mujer
perfumadita de brea,
que se añora y que se quiere,
que se conoce y se teme.

Ay…
si un dí­a para mi mal
viene a buscarme la parca.
Empujad al mar mi barca
con un levante otoñal
y dejad que el temporal
desguace sus alas blancas.

Y a mí­ enterradme sin duelo
entre la playa y el cielo.

En la ladera de un monte,
más alto que el horizonte
quiero tener buena vista.

Mi cuerpo será camino,
le daré verde a los pinos
y amarillo a la genista.

Cerca del mar. Porque yo
nací­ en el Mediterráneo…

Nací­ en el Mediterráneo…

     Organizando las fotos que tengo en el ordenador me he dado cuenta de que no llegué a subir al fotolog las que hice en Okinawa. Por aquel entonces no tení­a Internet en casa y si no recuerdo mal incluso no tení­a ni casa, por lo que era bastante difí­cil actualizar el bluag y más aún si se trataba de hacerlo detalladamente. Pero ahora todo eso está resuelto y ya he subido una representación de todas las que tomé en la isla más japonesa más tropical. 14 en total que ya están en el fotolog y que resumo aún más con las siguientes:

Mar japonés

Desde dentro

Observando

Animales acuáticos

Guernica costero

Doble cielo

En la playa nocturna

Ah, Okinawa…

Tokyo

Y lo que se esconde ahí­ abajo…

     Ser inmigrante en Japón conlleva tanto cosas positivas como negativas y esta relación es directamente proporcional a la distancia de tu paí­s de procedencia. No consiste simplemente en el hecho de que sólo veas caras que no te resultan familiares genéticamente hablando ni que la comida que se venda en el supermercado tenga colores, olores, sabores y texturas totalmente diferente a los productos que usa tu abuela para cocinar esa receta que generación tras generación ha llegado a tu boca. Es mucho más que eso.
     En Japón siempre serás un extranjero. Por muchos años o vidas que permanezcas en el paí­s. Algo tan obvio a primera vista pero que sólo terminas de entender cuando lo vives. Y es que tu receptor en el instante en que te mira a la cara ya sabe que no eres genealógicamente ni del barrio ni de la ciudad ni del paí­s y muchas veces ni del continente (y a veces te da la sensación de que piense que ni de este planeta). Y eso tiene como consecuencia que, aunque tu japonés sea perfecto, hay un alto riesgo de que la buena voluntad del japonés medio choque con su bajo nivel de inglés (siempre queda sobrentendido que quien ha llegado hasta aquí­ sabe inglés venga de donde venga…) en ditrimento de vuestra comunicación. En el mejor de los casos encontrarás quien se defienda con el idioma de los fishes and chips o las hamburguesas y, tú, rindiéndote ante el intento de lo que has estado luchando por aprender durante mucho tiempo, recuerdas otros momentos en los que fue peor y te alegras de que por lo menos exista cierto nivel comunicativo aunque no sea en ninguno de los idiomas de los interlocutores.
     Pero no todo son dificultades bajo el sol naciente. Son esas mismas diferencias a las que el extranjero les puede sacar partido hasta el punto de vivir (o al menos sobrevivir) de ellas. Me refiero a toda la demanda que un paí­s hiperdesarrollado pide del exterior teniendo en cuenta que a un lado sólo tiene el oceano más grande del mundo y al otro, además de más agua, un montón de paí­ses con los que por una cosa u otra no termina por congeniar. Es decir, que tu idioma materno te puede sacar de más de un apuro y conseguir ganar a la hora aproximadamente el triple de dinero de lo que gana en el mismo tiempo la media de la población. El problema es conseguir tanto trabajo como para cubrir todo el tiempo que emplea la media de la población en el trabajo pero por lo menos estás contribuyendo a que quizás en algún momento alguno de los extranjeros que tenga el problema del párrafo anterior se encuentre con una persona que habla su idioma gracias a ti.
     Pero las lenguas no lo son todo a la hora de comer y los ingresos principales tienen que llegar por algún sitio. Europeos y americanos con traje y corbata trabajando en oficinas en representación de su paí­s o una empresa de su paí­s, afroamericanos de tamaño más desproporcionado aún si se miran con ojos rasgados como guardas de discotecas, chicas con cabellos rubios y piernas más largas aún si se miran con ojos rasgados posando junto a cualquier tipo de cosa vendible, etc. De hecho este último es uno de los empleos más efectivos y que puede llegar a ser de los mejor remunerados. La primera caracterí­stica de un o una modelo es que llame la atención y, como he explicado más arriba, aquí­ es difí­cil evitarlo aunque no quieras. Por eso es demasiado común ver a alguien con ojos almendrados y pelo claro anunciando cerveza, joyas, coches o el ramen más japones de todos.
     Como he comentado alguna vez, yo estoy apuntado a este negocio gracias a algunas agencias en las que me reistré en su momento y que me llaman en alguna ocasión cuando necesitan gente para publicidad, televisión o cine. Pero en realidad el post de hoy ha surgido porque hoy es la segunda vez que me paran por la calle para ofrecerme ser modelo y no es que hoy tuviera mi mejor cara ni quizás tampoco es que la tenga nunca pero ya hay otra agencia en la ciudad que tiene mis datos para ofrecerme trabajo…

Esperaré su llamada…