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MES: 05/2006

     Después de meses viviendo aquí­ y ahora que empieza a hacer un clima más veraniego a pesar de que amenacen con que se aproxima el periodo de lluvias, me doy cuenta de que Tokyo es más que único. Tan inmenso y tan personalmente impersonal. Tan japonés y tan occidental. Tan futurista y tan retro. La megalópolis de los contrastes donde a simple vista todo es anárquico y las diminutas casas de madera surgen de la nada dí­a a dí­a totalmente desordenadas bajo la sombra de inmensos rascacielos. Donde millones de personas no paran de ir de un lugar a otro con millones de propósitos diferentes. Donde nadie te conoce y a pesar de eso o por eso te respetan. Donde la organización domina al caos que según las circunstancias deberí­a desestabilizar la situación.
     Y es que más de una docena de millones de habitantes le dan vidaa Tokyo y, si incluimos sus suburbios, alcanzamos prácticamente la misma población que la que vive en todo el territorio español. Lo que se resume en 5.655 personas por kilómetro cuadrado. La ciudad más poblada del mundo.

Tokyo tower y templo Zojoji

Tokyo

Shibuya

Harajuku

Ikebukuro

Asakusa

Ueno

Odaiba

Tokyo…

     Durante las dos últimas semanas tuvo lugar una de las pocas temporadas del año en las que se puede ver sumo en Tokyo. Los campeonatos de este deporte exclusivamente japonés son cortos y si pierdes una oportunidad para verlo seguramente tengas que esperar unos meses hasta que empiece el siguiente.
     Esta ocasión no la dejé escapar y al presenciarlo en directo me di cuenta de que realmente es más interesante de lo que puede parecer a simple vista. A diferencia de los demás deportes basados en luchas entre los competidores, un combate de sumo dura unos pocos segundos y es más breve que todo el ritual anterior y posterior al enfrentamiento. Pero a pesar de todo no deja de ser emocionante la tensión que se percibe entre dos luchadores tan imponentes y la espectación que crean en el público.
     Lo que más me sorpredió fue la agilidad de estas personas cuya alimentación forma parte indispensable de su trabajo. Su vida diaria consiste básicamente en comer, dormir y entrenar y comer, dormir y entrenar consecutivamente. No creo que sea agradable comer hasta vomitar o dormir durante horas con el estomago repleto de todo tipo de comida por lo que los esfuerzos de los rikishi podrí­a ser comparable (aunque irónicamente contradictorio) al de los deportistas de gimnasia rí­tmica, bailarines o modelos que tienen que cuidar su lí­nea si quieren mantener su trabajo.
     Aquí­ hay más información. Y a continuación alguna de las fotos que tomé durante las horas que pasé en la primera fila (hasta que el estadio se fue llenando y terminaron mandándome a mi butaca verdadera por la que habí­a pagado el precio correspondiente…):

Sumo 01

Sumo 02

Sumo 03

Sumo 04

Y todo tan japonés…

     Pasé una infancia de esas en las que parece que los demás niños se preocupen más sobre cómo es una tercera persona a cómo es uno mismo. Mi debilidad me hizo tener que acostumbrarme a cualquier tipo de opinión mientras no fuera agresiva ya que me terminé dando cuenta de que cualquier persona (A) puede pensar cualquier cosa sobre quien sea (B) y, mientras esa opinión no le afecte a ese quien sea (B), ese quien sea (B) seguirá siendo tal y como es porque así­ le gusta ser y esa cualquier persona (A) seguirá siendo tal y como es emitiendo sus opiniones porque así­ le gusta ser. No hay más. En principio tienes tanto derecho de emitir un juicio de valor a alguien en concreto o en general como de reaccionar de la misma manera ante un juicio de valor de alguien concreto o en general.
     N me dijo el otro dí­a que pensaba que en esta vida hay que ser radical. Le contesté que yo no estaba seguro. Lo pensé y me di cuenta de que mi postura antirradical podí­a terminar pareciendo demasiado radical… ¿Entonces yo también soy radical? Especialmente en este último año me he dado cuenta, basándome en todo lo que he vivido hasta ahora, de que todo es relativo e incluso creo que podrí­a establecer lo que llamarí­a la segunda teorí­a de la relatividad (ésta a nivel vital).
     Ahora recuerdo como me gustaba estudiar en el instituto la filosofí­a de Descartes, quien se dio cuenta de que de lo único que podí­a estar seguro es de que existí­a por el hecho de estar dudando del resto de cosas. Por aquel entonces casi sólo me conformaba con haber entendido lo que querí­a decir pero ahora me alegro de poder aplicarlo y adaptarlo aunque sea a mi propia vida. Obviamente apoyo que haya otras formas de pensar y creo que la perfectamente utópica es la que conjugue ciertos aspectos de todas y cada una de las acciones mentales que realice cada ser capaz de llevarlas a cabo aunque sea en beneficio propio. Y eso ya se aleja más del pensamiento cartesiano para acercarse al budista y con esta combinación creo que mejora tanto una como otra ideologí­a.
     Y es por eso por lo que entiendo que no me entiendan y entiendo que no entiendan que entiendo que no me entiendan. Y, como no, entiendo que no se entienda lo que quiero que se entienda. Incluso puedo llegar a entender que no se quiera entender lo que quiero que se entienda.

Aunque lo perfecto serí­a que se me entendiera a pesar de todo…

     Hoy ha sido la tercera vez que he ido a un cine en Japón y la tercera vez que no tení­a butaca dónde sentarme… Aún me acuerdo de la primera vez en la que tuve que ver toda una pelí­cula de pie. Mucho ha llovido desde entonces y ahora me siento en los pasillos en lugar de estar de pie y ya entiendo muchí­simo más los subtí­tulos en japonés… quizás porque la pelí­cula esté en inglés.

Al menos hoy tení­a invitaciones…

     Si hay una palabra que tenga que definir la cultura japonesa… esa podrí­a ser 可愛い [kawaí®]. Tanto es así­ que tiene entrada en la Wikipedia en 9 idiomas. Literalmente significa “bonito”, “adorable” o algo por el estilo pero es una de esas palabras que tienen difí­cil traducción porque quizás podrí­amos decir que en España se usa el adjetivo “mono” pero no llega a tener la relevancia que kawaí® tiene en Japón.
     Para los extranjeros, los japoneses pueden resultar infantiles. Cualquier compañí­a o… cosa tiene su mascota de colorines y que cuando la ves dan ganas de estampársela en una camiseta y llevarla contigo allá donde vayas. Una chica ya no tan joven se derrite al ver algo de Hello Kitty o cualquier cosa rosa en general y ellos en cambio a veces visten de una manera tan “cuca” que parece que se hayan ido de compras con su madre, su hermana mayor, la pequeña y la novia…
     Y por supuesto, si para los Occidentales el mundo de luz y fantasí­a de Disney es de lo más encantador de la historia del cine… a los japoneses les tiene conquistado. Mickey no es kawaí® sino ちょうかわいい (chí´ kawaí® o super mono). Es por eso por lo que el ratón no tiene uno sino dos parques temáticos a las afueras de Tokyo, en la prefectura de Chiba. Curioso que sean diferentes cuando las puertas están prácticamente una en frente de la otra… El caso es que son dos parques de atracciones bastante diferentes: uno que fuera el segundo parque temático de Disney en el mundo allá por el 1983 y conocido como Tokyo Disneyland y Tokyo DisneySea con sólo 5 años de vida que se basa en las historias de Disney procedentes de culturas costeras y que ha terminado convirtiéndose en uno de los parques de atracciones más visitados del mundo y lugar predilecto para parejas.
     Hoy he ido al segundo y aquí­ os dejo de regalo un ví­deo donde vemos a Mickey y sus amigos en acción. Nótese que sus voces en japonés son exáctamente iguales a las que tienen en español e inglés… Empiezo a pensar que son los mismos animales que están hiperpluriempleados…

Kawaí® es una palabra básica, recordad…