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MES: 01/2006

     Nunca pensé que podrí­a sentirme tan integrado en tan pocos dí­as en una familia de una cultura tan diferente a la española como es la japonesa. Lo que ahora me pregunto es si hubiera pasado lo mismo si me hubiera tocado otra familia…
     Se pueden sacar millones de conclusiones observando la vida rutinaria de una familia como la que me acogió en Hokkaido. Para mí­ la más llamativa es que la familia que me tocó no difiere tanto de lo que podrí­a ser una familia española. Obviamente pertenecen a otra cultura pero, por lo que se refiere a la convivencia entro los distintos miembros y demás, es bastante similar.
     En la casa viví­an: una madre viuda o separada que tiene un salón de belleza en el bajo de la misma casa; su hija que trabaja de noche en un pachinko y duerme de dí­a; su sobrina que está estudiando en la ciudad y, por último, su novio que va y viene de vez en cuando. Supongo que la estructura familiar será tan singular en Japón como en España pero aún así­ no deja de ser una familia. Una familia que he podido observar al más puro estilo gran hermano. Más aún al principio cuando todaví­a les observaba desde fuera, con cautela. Bastante menos cuando, sin darme cuenta, ya parecí­a un miembro más viendo la tele con los demás sin que el silencio fuera molesto.
     Y al más puro nivel personal, una gente que me me ha ido conquistando poco a poco (el verbo resulta un poco rimbombante pero es el más apropiado) siendo capaces de haberme hecho sentir como en casa cuando muy poco tiene que ver con cualquier casa que conozca en España. Todo esto ha hecho que en los últimos dí­as de las tres semanas que estuve con ellos haya sentido una sensación de nostalgia más allá del tiempo. Es el saber que es una gente con la que has compartido tan sólo 18 dí­as de tu vida pero que es suficiente para que te apetezca volver a verles en el futuro. Ya en Tokyo, es el sentimiento de echar de menos a alguien al que quieres ver pero bastante diferente quizás del que estoy habituado por la distancia porque no estoy seguro de que vaya a volver a verles aunque quiera. Muy extraño. Melancólico pero a la vez bonito.

Esa gente que queda en la memoria de uno…

     Hoy también es dí­a estivo en todo Japón, el último de las vacaciones de invierno. Para mí­ hoy es como una especie de dí­a de reflexión para asimilar todo lo que he vivido todos estos dí­as que he estado fuera de Tokyo e intentar que queden bien marcados para no poder olvidarlos en la medida de lo posible. Pasar las Navidades con una familia japonesa en Hokkaido ha sido muy interesante. No se puede decir que las Navidades hayan sido tan divertidas como se podrí­a esperar de estas festividades pero han sido mucho más interesantes de lo que pudieron ser nunca para mí­. Miles de sensaciones en pocos dí­as que podrí­a enumerar a grandes rasgos pero nunca sin dejarme alguna:
     Sentirme integrado en una familia que no es la mí­a; sentirme integrado en una cultura que no es originalmente la mí­a; vivir un clima que nunca habí­a vivido antes; conseguir comunicarme en mayor o menor medida en un idioma que hace sólo unos meses a penas conocí­a; levantarme y ver desde la ventana cada mañana el Pací­fico; hacer ikebana y caligrafí­a; patinar sobre hielo y practicar hockey sobre hielo; ir a varios karaokes, sentos y onsens diferentes; pasar la Nochevieja en un templo al estilo japonés; que el papel que me toca en el Año Nuevo me auguré la mejor de las suertes para el año; entender mejor la programación televisiva japonesa; resvalar y caer en las aceras de hielo; caminar sobre un lago congelado; pasar frí­o y pasar calor; cortarme el pelo a lo japonés (aunque el resultado sea aparentemente el mismo de siempre); vivir con tres perros; echar de menos a la familia que me acogió; haber echado de menos a gente de Tokyo; tener la sensación de que vuelvo a casa al volar hací­a Tokyo…

Sólo son algunas…