Tokyo es capaz de comerte y tú ni te das cuenta. Sigues el ritmo de los demás pasos y de las vías del tren y cuando te das cuenta has sido devorado por algo que no sabes si te conviene o te destroza, si te alimenta o te mata. A veces conviene parar, observar, entender y asimilar.
Cruce de Shibuya
Aunque nada para a tu pesar…

