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MES: 10/2005

     Conseguí­ los datos necesarios para que me hicieran una transferencia bancaria desde España hasta mi cuenta de Japón. En un dí­a ya llegó el dinero (eso es muy poco tiempo para este tipo de cosas) y esta mañana ya estaba recibiendo una llamada del banco informándome de que lo habí­a recibido. Más que informarme, lo que querí­an saber era para qué querí­a tanto dinero.
     Â¿Serí­a normal que en España te llamaran para decirte que te han ingresado dinero en tu cuenta y que te preguntaran para qué lo quieres? Yo creo que me sorprenderí­a bastante e incluso seguro que alguno que otro se sentirí­a intimidado y le contestarí­a mal. En este caso, creo que resulta obvio que como estudiante extranjero necesite dinero que me manden desde mi paí­s para vivir… pero aún así­ todo tiene que estar asegurado y controlado.

Si no no serí­an japoneses…

Seí­smo 16-10-2005

     Si juntamos los kanjis de suelo (地) y temblor (震) tendremos como resultado la palabra jishin (地震) o terremoto. En Japón esta palabra es casi tan importante como montaña o lluvia y es que los terremotos han llegado a convertirse en sí­mbolo nacional. En un mes en tierras niponas, el porcentaje de posibilidades de sentir un seí­smo es muy alto. Para confirmar la regla estoy yo. Ayer hizo un mes que llegué a este paí­s y ayer mismo fue mi primer gran terremoto (es normal sentir de vez en cuando leves temblores).
     Fue gracioso porque estaba hablando con mi padre (en España) por telefóno y justo en la despedida empezó a temblar todo. Creo que más que el temblor en sí­, lo que antes me hizo caer en la cuenta de lo que estaba pasando era el ruido que producí­an las cosas de mi habitación. Sonaba la estanterí­a de metal y la puerta de la habitación temblaba como si la estuvieran empujando desde el otro lado. Una vez me percaté de lo que estaba pasando, hice un repaso mental de las instrucciones que he leido en los miles de folletos que han llegado estos dí­as a mis manos sobre qué hacer en caso de terremoto. Al final decidí­ sentarme en la cama y buscar un punto fijo que me sirviera para saber cuando terminaba exactamente. Ese punto fijo terminó siendo una sudadera que tení­a colgada en una percha con lo que se puede deducir la intensidad del seí­smo.
     De todas maneras, a pesar de parecer bastante fuerte, aquí­ ha pasado “desapercibido”. La gente paró de hacer lo que estaban haciendo y cuando terminó el terremoto siguieron por donde lo habí­an dejado. Y durante todo el tiempo que estuve viendo la televisión en el dí­a de ayer no llegué a ver nada sobre el terremoto. De hecho, hasta que no me he conectado hoy a Internet y lo he buscado, no me he enterado de que el epicentro estuvo a 25 kilometros de Tokyo y que tuvo una magnitud de 5.0 en la escala de Richter.

Seguro que no es el último que siento…

     Hace unos tres años comenzó el proyecto de “El hombre del saco”, un cortometraje que en principio serí­a como trabajo para la universidad pero que al final tiene poco que ver con mis estudios. Como digo, la idea nació hace tres años pero como no tení­amos los medios y el tiempo necesarios no pudimos grabarlo hasta agosto del año pasado. Entonces sólo tuvimos una noche para grabarlo pero habí­amos conseguido lo que nos costaba creer. Ese mismo dí­a escribí­: “Tenemos casa donde rodar, actriz (sólo hay un personaje), cámara profesional, focos, trí­pode, dolly (trí­pode con ruedas para travellings), micrófono unidireccional con pértiga, monitor, etc. ¡Increí­ble! Todo un equipo profesional en manos de quienes hace unos meses intentaban rodar un corto con una handycam y usando como dolly un trí­pode de fotografí­a enganchado con celo a una silla de ruedas“.
El hombre del saco     Sólo faltaba el montaje que no pudo llegar hasta más meses después y aún así­ el producto final no convencí­a así­ que, aunque “El hombre del saco” estaba terminado… algo me decí­a que no del todo. Y fue hace sólo unos meses (en este año) cuando conseguí­ por mis propios medios llevar a cabo una especie de remasterización que perfeccionó tanto el resultado final que ya todos los fallos que cometimos por culpa de la precariedad del rodaje fueron disimulados.
     ”El hombre del saco” terminó en formato DVD con su menú y sus extras incluí­dos. Poco más de 7 minutos que duraron 3 años en crearse y perfeccionarse y con los que tampoco buscabamos nada en concreto… Nada más que entretenimiento.Y creo que también nos poní­amos a prueba para descubrir hasta qué punto podiamos llegar. Y pocos proyectos en los que haya participado en mi vida me han sido tan gratificantes como éste porque sólo hubo una idea hace años que creí­amos que nunca podrí­amos llevar a cabo y nos sorpredimos al conseguirlo; después no creí­mos que serí­amos capaces de darle un resultado medianamente profesional y quedamos más que satisfechos con el resultado y, además, tampoco estabamos seguros de si saldrí­a de nuestras cosas y el otro dí­a conseguí­ que lo proyectaran en una sala de Tokyo… mucho más lejos de lo que pensaba que llegarí­a nunca.

Y espero que aún siga adelante…

     Ayer fue festivo en todo Japón porque se celebraba el Dí­a Nacional de la Salud y el Deporte (los japoneses no tienen santos como los cristianos así­ que celebran dí­as como el dí­a del respeto a los ancianos, el dí­a de los niños, el dí­a de las verduras, etc). Siempre he dicho que la vida puede ser demasiado irónica… tanto como para ponerte enfermo en un paí­s que está al otro lado del mundo del tuyo mientras sus habitantes celebran su dí­a de la salud.
     Sabí­a que haber sentido frí­o bajo la lluvia me pasarí­a factura pero en el parque Toyama habí­a una competición de tiro al arco sobre caballos al más puro estilo medieval (como si de una pelí­cula de Kurosawa se tratara pero en vivo y en directo). El caso es que después de comer me empezó a doler el estómago más y más y, viendo que al cabo de horas todo seguí­a igual, me vi obligado a llamar al seguro. Me pidieron aguantar hasta el dí­a siguiente porque era dí­a de fiesta pero no podí­a aguantar así­ que un médico que hablaba spanglish vino a mi habitación minutos después. Me puso una inyección y me dio antibióticos que deberí­a tomarme durante unos 5 dí­as.
     Después de dormir durante una cantidad de horas que no soy capaz de calcular, hoy el dolor no es tal dolor y se ha convertido en molestia, pero molesta. El médico se ha preocupado en llamarme esta tarde para preguntarme cómo estaba y me ha dicho que si empeoraba le llamara.
     Hay que tener cuidado con estos momentos porque son idóneos para que el mundo se te caiga a los pies y te des cuenta de dónde estás y en qué condiciones (que no son malas pero no son las más comunes)… Pero a pesar de todo, se sobrevive y te das cuenta de que siempre hay alguien que te echa una mano cuando lo necesitas.

Sobreviviré…

     La universidad nos ha ofrecido pasar unas horas con alumnos de Japón para participar en una especie de evento deportivo. No sabí­a exactamente a que se referí­a pero al final resultó ser un minitorneo de balón prisionero (juego popular en Japón y, por lo que se ve, muy tí­pico en los recreos de los colegios y demás).
Bola de Dan     Es posible que muchos recuerden el anime que en España se llamó “Bola de Dan”. Sus personajes eran jugadores profesionales de balón prisionero y yo recuerdo que la serie tuvo tanto éxito que, además de coleccionar los cromos de rigor, llegué a jugar a algo parecido a lo que veí­a en la tele en el patio de mi colegio.
     No recuerdo si lo que yo jugaba tení­a algún tipo de norma pero ahora sí­ que las conozco. Para jugar hace falta dos equipos enfrentados y a cada cual le corresponde una mitad del campo de juego (que tiene forma rectángular). Además, habrá dos personas del equipo contrario alrededor del territorio que pertenece a cada equipo.
     Sabiendo la distribución de los participantes es más fácil entender el funcionamiento del juego. Se comienza a jugar como si se tratara de un partido de baloncesto, es decir, el balón se lanza al aire justo en el centro del campo y un representante de cada equipo saltará e intentará conseguir el balón para pasarlo al lado del campo de su equipo. Una vez conseguido el balón, el equipo se lo va pasando e intentan eliminar a sus contrincantes. Para ello tienen que lanzar el balón a algún contrario y que éste sea golpeado dejando caer la pelota al suelo ya que si la coge no sólo no será eliminado sino que además habrá conseguido el balón para su equipo y ahora pasarán a atacar ellos. En caso de que un jugador sea golpeado y no haya cogido la pelota, no será eliminado directamente sino que pasará a los alrededores del campo contrario para atacarles junto a sus compañeros. El jugador que haya sido eliminado y enviado a los alrededores del campo contrario podrá volver a su zona de juego cuando elimine a alguien del equipo contrario.

Balón prisionero

     El final del juego llega cuando todos los miembros de un equipo son eliminados y el equipo contrario será el ganador. El partido puede estar muy reñido y durar mucho tiempo teniendo en cuenta que los jugadores eliminados con un “pelotazo” pueden volver a jugar si ellos eliminan a alguien por lo que lo difí­cil es que no quede nadie a un lado…

Por supuesto que es más difí­cil explicarlo que jugar…