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MES: 09/2005

Okuma

     Ya soy oficialmente alumno de la Universidad de Waseda (早稲田大学), algo que a algunos les puede resultar indiferente y a otros les puede parecer todo un logro. Para mí­, entrar en Waseda no ha sido tan difí­cil como les parece a los japoneses ya que mi universidad tiene un convenio con ésta para que dos alumnos de Valencia participen en un programa de estudios internacionales llamado SILS. Por supuesto que no he pagado la matrí­cula de aquí­… me temo que no podrí­a.
     La Universidad de Waseda es la universidad privada con mayor prestigio de Tokyo y seguramente de todo Japón. En poco tiempo te das cuenta de que todo está planteado de otra manera. Dicen que las universidades japonesas siguen el estilo americano pero yo no lo puedo corroborar. Lo que está claro es que el espí­ritu universitario se puede sentir en cualquiera de los ocho campus de Waseda.
     Después de asistir a la ceremonia de inauguración (con orquesta y coro incluidos) ya no necesitas más para sentirte orgulloso de ser parte de un todo. Ni siquiera sé si la Universidad de Valencia tiene himno pero aquí­ ya lo he oí­do unas cuantas veces (de hecho hasta lo tengo grabado en un miniCD) e incluso a veces me viene el tarareo… Ni siquiera sé en qué año se fundó la Universidad de Valencia (tendrí­a que hacer uso de google o derivados), pero de lo primero que me enteré incluso antes de llegar aquí­ es que la Universidad de Waseda está orgullosa de poder decir que ha cumplido 125 años. Son sólo algunos ejemplos.

The Alma Mater

     Quizás todo parezca un poco exagerado pero la impresión que me da todo esto no es negativa. En cualquier caso lo que está claro es que la organización de aquí­ supera con creces, por lo menos, lo que yo conozco… También es verdad que hasta el viernes no empiezo las clases, pero esto sólo era una visión muy general de lo que es la universidad.

Habrá más campí­tulos…

     Con poco más de un dí­a de vida en este extraño paí­s lo único que soy capaz de decir con seguridad es que la sensación continua que siento es totalmente nueva para mí­. Creí­a que el jet lag se superaba con las horas de sueño necesarias y en el momento que te acoplas al horario del paí­s al que llegas. Pero ya he descubierto que no es tan fácil como pensaba. Me cuesta entender dónde estoy, en qué dí­a vivo e incluso qué hora es. Todo eso acompañado con un cansancio acrecentado por esta desorganización.
     Pero a pesar de todo esto, merece la pena sólo el hecho de haber llegado aquí­ y haber pasado unas horas en lo poquí­simo que he visto de la ciudad. Y todo por dos motivos que se pueden resumir en lo siguiente:
     - Antes de mi llegada a Tokio: creo que el viaje en coche desde Valencia hasta Barajas fue uno de los momentos más intensos de mi vida. La situación hizo plantearme muchas cosas de mi vida y llegué a conclusiones que nunca pensé que llegara a entender. Tales como la transitoriedad de la vida. Me di cuenta de que siempre hay que aspirar a más pero seguro que cualquiera, por poco que haya vivido y por poco interesante que le pueda parecer lo que haya vivido, puede estar orgulloso de ello. Porque al fin y al cabo es lo que nos define y, en definitiva, es lo que somos. Por eso llegué a pensar que estaba agradecido por todo lo que tení­a y habí­a tenido en mi corta vida y que con eso ya me podí­a sentir orgulloso. Pero eso no quita que al seguir a por más deba sentirme avaricioso, sino que ahora (o más bien por ahora) entiendo lo que venga como el perfeccionamiento de lo que ya es suficiente.
     - Después de mi llegada a Tokyo: me siento privilegiado por estar aquí­. Esto es algo que deberí­a ver cualquier persona independientemente de que se sienta atraí­do por la cultura japonesa o no. Es un viaje a un futuro paralelo, algo difí­cil de entender pero que te ayuda a entender cosas que no te habí­as parado ni a pensar. Y no porque los japoneses hagan una cosa de una manera u otra, sino porque es muy probable que lo que hagan sea una tercera opción que tú no conocí­as y es igual de valida que las demás e incluso, en la mayorí­a de los casos, mejor. Y eso te ayuda a entender que todo es muy relativo. No sólo existe una manera de hacer y ver las cosas y, ni mucho menos, una forma de vida.
     Y todo esto en unas horas. Quizás sean planteamientos muy generales que se suelen escuchar a menudo pero no es lo mismo conocerlos que asimilarlos. Es todo lo que tengo que contar por hoy. Podí­a haber contado las millones de cosas que me han llamado la atención en estas horas por ser curiosas, diferentes, raras, sorprendentes, etc pero querí­a que todo esto constara en acta. Supongo que lo que escriba en adelante será información más concreta y menos personal.

Sólo es el principio. . .

     Y el viaje terminó. Más de 24 horas de desplazamiento y habiendo dormido un puñado de ellas y mal. El jet lag es tremendo pero la sensación que tengo en estos momentos no se puede evitar ni con la peor de las enfermedades.
     Sólo con los primeros minutos de vida en Japón ya tení­a clarí­simo que habí­a merecido la pena venir hasta aquí­ pero, ahora que llevo unas cuantas horas, no puedo evitar pensar que ha sido una de las mejores decisiones de mi vida aunque no haya ocurrido ni el 1% de todo lo que me espera aquí­.

Para información más detallada habrá que esperar…

     El nudo en la garganta cada vez es mayor, las despedidas son cada vez más dramáticas y al nerviosismo cada vez le cuesta menos mostrarse fí­sicamente. Pero, curiosamente, las ganas de evitar lo que ya es inevitable son minúsculas.
     Aquí­ empieza mi aventura. La primera parte de un gran viaje sin fecha de regreso.

Seguiré informando…

     Con los ojos humedecidos, la voz temblorosa y muchos nervios, estreno la quinta versión del bluag. Pero mi estado no se debe a esta inauguración sino a que en pocas horas estaré viajando hasta Japón. Aunque ese tampoco es el motivo de mi estado sino más bien el hecho de saber que allí­ estaré durante casi un año. Viviendo a unos 10.722 kilómetros de donde he vivido desde hace años (salvo algún que otro paréntesis).
     Mañana salgo hacia Madrid en coche. Llegaré al aeropuerto, donde facturaré el equipaje (25 kilos en la maleta + 10 kilos en la maleta de mano + 10 kilos en la mochila + 5 kilos en la bolsa de la cámara de video + 1 abrigo en mano = todo lo necesario para un año). El avión no saldrá hasta las 6:30 y llegará al mediodí­a a Amsterdam, aeropuerto por el que pasearé durante unas 5 horas. Pasado ese tiempo, podré coger otro avión que llegará a Tokyo ya en la madrugada española y lo que será primeras horas de la mañana en Japón (jet lag puro y duro). Una vez en ese paí­s… sólo me queda llegar hasta la habitación de mi residencia.
     El viaje puede ser largo y duro, pero se queda en una ridiculez si se compara con la experiencia que supone toda la estancia en sí­. Aunque eso ni me lo planteo. Por el momento lo único que me “preocupa” es lo que dejo aquí­. Resulta irónico que no te des cuenta o, incluso, que no valores lo que tienes hasta el momento que lo pierdes (para siempre, en el peor de los casos) y eso es lo que me ha pasado a mí­ durante todos estos dí­as. Me he sentido dentro de una red en la que intervienen mucha más gente de lo que pensaba y me he dado cuenta de que, a pesar de todo, existen bases seguras donde apoyarme pase lo que pase. Lo agradezco pero no sé cómo.
     Por el momento es todo lo que tengo que decir en forma de despedida oficial antes de irme. Espero tener una conexión de Internet de fácil acceso para seguir contando lo que parece que ahora es más interesante, aunque nunca dejó de serlo a pesar de considerarlo bluag. Por último, creo que tengo que dar la bienvenida a nuevos lectores… esos que me han conocido antes en persona que por aquí­. Me ha costado pero me he visto obligado…

Prometo volver…