En el último post comenté algunas de las cosas que han ocurrido en todo este tiempo que he estado ausente. Me da la sensación de que cuando no puedes escribir es cuando más tienes que contar… pero supongo que sólo será una sensación.
     El caso es que han pasado muchas cosas que se quedarán en el tintero pero no querí­a dejar pasar una de ellas: la muerte de Joaquí­n Luqui. No es ninguna broma. Me siento obligado a dedicarle un post aunque sea tarde… si no mi conciencia no me dejarí­a en paz.
     Un dí­a me enteré de que habí­a tenido un accidente y que estaba grave pero poco después lo que supe es que habí­a fallecido. Nunca, por lo menos que yo recuerde, la muerte de una persona que no conocí­ en persona y que tampoco es que le haya seguido cada dí­a de mi vida me ha afectado tanto. Tuve la sensación de que se iba una persona necesaria en el mundo. Alguien que aún tení­a mucho que hacer. Una sensación muy extraña, como si no pudiera haber nadie que a partir de entonces cumpliera su papel.
     Parece un tanto ridí­culo pero lo escribo totalmente en serio. Luqui era un profesional de la materia como pocos. Siempre he envidiado cómo disfrutaba con lo que hací­a y eso se notaba en el resultado de su trabajo… Me acuerdo de cuando me duchaba los domingos por la noche, hace años. Le oí­a con su peculiar voz y su peculiar forma de hablar. Era la forma de dar por finalizada la semana. Si no le oí­a hablar sobre la música (en general, era de lo que hablaba) esa semana quedarí­a incompleta para siempre…
Un tanto peculiar pero muy grande…